La mejor manera de evitar estas muertes sería acabar con la pobreza, mejorando la distribución de la riqueza a nivel global y asegurando el desarrollo humano de todas las personas, mediante políticas internacionales y nacionales adecuadas y coherentes con el objetivo del desarrollo de todos los pueblos. Esto implicaría una profunda revisión de las políticas nacionales (y no tan sólo de las “políticas de desarrollo”), así como del modelo de desarrollo basado en el mero crecimiento económico, de la regulación del comercio internacional o del problema de la deuda externa, entre otras cuestiones.
Por tanto, es necesario abordar el vínculo entre pobreza y salud. Los determinantes de salud, están muy relacionados, por una parte, con la distribución de la riqueza y, por otra, con la carga de la enfermedad. La OMS propone tres amplios campos de trabajo40:
En cuanto al fortalecimiento de los sistemas de salud, este está estrechamente vinculado a la capacidad de financiarlos. El objetivo de Abuja hace una llamada a los países africanos a dedicar a la salud el 15% del presupuesto nacional, y a la vez, la OMS (Comisión de Salud y Macroeconomía) estima que el gasto mínimo por cápita es de 20€, umbral que muchos países no lograrían aunque dedicasen a la salud el 15% de su presupuesto41. Por lo tanto, para llegar a este umbral es necesario que los países en desarrollo aumenten la capacidad de recaptación de impuestos, destinen el 15% a la salud, y continúen recibiendo ayuda oficial al desarrollo para cubrir, en su caso, el déficit resultante. Pero hace falta una ayuda mejor distribuida entre países, mejor distribuida entre servicios de salud y menos fragmentada entre múltiples socios y donantes.
Es cierto que, en los últimos años, se han dado pasos en esa dirección, aunque todavía se requiere mucho más esfuerzo. En algunos países se han implantado instrumentos para la “evaluación conjunta de las estrategias nacionales”, mediante los cuales los donantes y el gobierno socio pueden evaluar conjuntamente su progreso.
También las principales iniciativas globales de salud (el Fondo Global de la Lucha contra el SIDA, la malaria y la Tuberculosis, y el GAVI) están incluyendo el apoyo a componentes del sistema de salud dentro de sus programas “verticales” o bien financiando directamente componentes “horizontales” del sistema de salud.
En cualquier caso, hay muy buenos ejemplos, como el de Zambia, donde la combinación de estabilidad política, financiación doméstica adecuada, fuerte apoyo internacional y un genuino diálogo de políticas ha conducido a un progreso sostenido en la reducción de la mortalidad infantil y materna.
Por todo lo que se ha expuesto anteriormente, los problemas de salud se tienen que abordar de una forma integral, sin dirigir los esfuerzos a enfermedades concretas. A pesar de todo, los sistemas nacionales de salud tendrían que tener en cuenta las estrategias existentes para el control de las diferentes enfermedades que a continuación se exponen.