El análisis de género se centra en el análisis de las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres. Para ello se deben revisar las funciones desempeñadas por cada uno para descubrir los desequilibrios existentes en su acceso al trabajo, los recursos, el ocio, los ingresos, la cultura y el poder. En muchos países se observará que la mujer ocupa posiciones subordinadas en la mayoría de estas categorías, incluyendo por supuesto el acceso a la salud.
Las causas que impiden lograr a las mujeres la plena salud en muchas sociedades las podemos dividir en causas directas (malnutrición, violencia de género, SIDA y complicaciones en el parto, entre otros), causas intermedias (serían los criterios que sirven para evaluar el acceso al derecho a la salud: disponibilidad, accesibilidad, calidad y aceptabilidad) y causas de fondo (pobreza, factores políticos, estatus económico, rol materno, rol de la pareja y la discriminación, entre otros)
Si focalizamos el trabajo de equidad exclusivamente en las causas directas es muy difícil lograr cambios sostenibles en la sociedad y por tanto una verdadera mejora en la salud de las mujeres. Este trabajo debe complementarse con otro que aborde las causas de fondo de la desigualdad en el acceso a la salud por motivos de género. Por lo tanto, para recuperar la igualdad hay que empoderar a la mujer y fortalecer sus derechos.
Esto no significa que las estrategias de género deban centrarse exclusivamente en ellas. Más bien, al contrario, por ser el hombre quien ostenta la posición de poder, resulta imprescindible contar con su participación para que tengan lugar los procesos de cambio hacia unas relaciones más equitativas con las mujeres.