Cada año mueren 10,6 millones de niños y niñas menores de 5 años a causa de: problemas neonatales, infecciones respiratorias, la diarrea, la malaria y el sarampión. La mayor parte de estas muertes se podrían evitar mediante intervenciones conocidas, sencillas, asequibles y eficaces.
Entre los adultos es otra infección la primera causa de muerte: el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). El número de infectados real crece al crecer la población.
Aunque ha aumentado el número de personas que reciben terapia antiretroviral, la realidad es que apenas un 25% de los enfermos de sida recibe el tratamiento. La debilidad de los sistemas sanitarios, la complejidad del seguimiento de los pacientes, la necesidad de apoyo nutricional y contra las enfermedades oportunistas para los enfermos, la falta de personal cualificado y otra serie de factores han influido decisivamente sobre las tasas tan bajas de acceso a los ARV.
Otra causa importante de muerte en adultos a nivel mundial es la tuberculosis, considerada hasta hace pocos años una enfermedad en regresión en todo el planeta, ha ido incrementando su presencia en los hogares de los PVD hasta convertirla en la tercera causa de muerte en adultos a nivel mundial. Este desmesurado repunte ha tenido lugar fundamentalmente como consecuencia de su estrecha vinculación con el sida
En conclusión, los grandes avances científicos y tecnológicos aún no han llegado a todos los habitantes del planeta. Un gran número de personas mueren por la falta de un médico, un medicamento o agua potable.